lunes, 3 de enero de 2011

2011


Comienza un nuevo año y viene cargado de propósitos y esperanzas. A los habituales “tengo que ponerme con el inglés”, “voy a hacer deporte” y “este año definitivamente dejo de fumar” se une la esperanza común de que se acabe esta maldita crisis y todo vuelva a ser como antes.
Resulta complicado, pues el regreso a la bonanza no es lo que nos corresponde, ya que años atrás vivimos una realidad paralela que no era la nuestra. ¿Recordáis las manadas de Porsche Cayenne y BMW X5 circulando por las carreteras? Uno ponía cara de cateto y se preguntaba “¿dónde los rifan?”. Todo aquello ya pasó. Ahora estos mismos coches están en las macroconcesionarias del extrarradio bajo el rótulo “Vehículos de Ocasión” y son sus antiguos dueños los que ponen ahora cara de cateto para hacer cábalas (y horas extra) para devolverle al banco los intereses acumulados por sus préstamos al tiempo que rezan para que no suba el Euribor.
Con el 2011 se inicia una nueva década. Una década en la que continuará reinando la tecnología y que nos obligará a visitar más de un foro para no quedarnos desactualizados. Estas nuevas tecnologías producen un efecto hipnótico y el capitalismo es el medio que nos crea la necesidad (innecesaria) de poseerlo todo. Quizá algún día lleguemos a la conclusión de que un teléfono móvil sirve simplemente para llamar y recibir llamadas, pero hasta entonces habremos pasado por muchos terminales y suspirado por el ansiado Iphone.
Pero no alberguemos diez años y vayamos paso a paso. Disfrutemos del 2011 en la medida de nuestras posibilidades, y dediquémosle la mejor de nuestras sonrisas. Porque al fin y al cabo estamos aquí de paso y todo lo que no vivamos no lo va a vivir nadie por nosotros, ni en la vida real ni en una paralela.

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