viernes, 14 de mayo de 2010

Como si lo viese

Una reunión de altos directivos, tíos grises enfundados en sus trajes marengo. Frases rompe-hielo de rigor. Introducción global, donde se pone en contexto la situación económica adversa en la que nos encontramos. Exposición de la situación. Un hilo argumental pensado y trabajado. Las caras comienzan a cambiar. Los tíos grises con sus rostros impertérritos, creyéndose su propio discurso. A uno de ellos se le escapa un leve amago de sonrisa despiadada (se trata, sin duda, del que se la tenía guardada desde hacía mucho tiempo). Él intuye esa sonrisa, con la que ya está familiarizado y que tanto le asquea. “Le mataría” piensa para sus adentros. Hace acopio de higadillos y se muerde levemente la lengua. Le ha costado mucho llegar hasta aquí como para tirarlo todo por la borda. Además, esto no va sólo con él, sino que está representando a un equipo de más de 20 personas, más de 20 familias a las que no puede fallar.
Continúa la reunión, comienza a haber tensión en el ambiente. Un tío gris se desanuda la corbata. Otro se pasa el dorso de la mano por la frente para quitarse las gotas de sudor. El capo de los tíos grises parece ajeno a la temperatura de la sala, su cara de póker no desencajaría ni en un espectáculo circense ni en un funeral. Es entonces cuando le sueltan el bombazo, la noticia que hace tambalear la profesionalidad que tantos años y tanto esfuerzo le ha costado construir. El problema es que no se trata de una simple noticia, es una orden.
Y ocurre lo que no debía ocurrir. Saltándose ese pequeño instante para la reflexión que tan bien le ha ido a lo largo de su trayectoria, esas décimas de segundo que consiguen que el grito lo suelte para sus adentros, que le impiden levantarse de la sala y marcharse, que logran que le haga sentir muy a gusto por no haber entrado al trapo. Esta vez, lejos de reflexionar, ha vomitado, con voz enérgica y una buena dosis de agresividad, una serie de improperios que tenía almacenados en lo más profundo de sus vísceras. Han sido muchos años aguantando mofas y ninguneos y tarde o temprano tenía que pasar. La verdad es que se ha quedado muy a gusto, por fin ha salido ese dragón que invernaba en su ser. El dragón ha acojonado a los tíos grises. “¡Qué bien se queda uno!” piensa mientras abre la puerta del despacho dejando atrás a los directivos. Se van, él y su dragón, con la cabeza bien alta. Hasta que gira el pasillo y le vienen a su mente imágenes de las 20 familias que acaba de dejar al filo del abismo.

Carta de Paco González

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